
Ni una postal: el Caribe de Ernesto Estévez García
Ernesto Estévez García no llegó al hiperrealismo por la teoría. Llegó a él por la memoria.
Su primer encuentro con la pintura no fue en una academia, sino en casa, viendo a su madre pintar simplemente porque le encantaba. No había ninguna gran ambición detrás. Solo color, tiempo y una devoción silenciosa. Esa intimidad lo moldeó mucho antes de que eligiera el paisaje como lenguaje.
De joven, Ernesto pasaba horas explorando cuevas y rincones remotos del territorio cubano. No eran paseos casuales. Eran actos de atención. Dentro de las cuevas, la luz se comporta de manera diferente. Se fractura, se suaviza, desaparece. Las superficies retienen humedad, manchas minerales, historias grabadas en la piedra. Afuera, el paisaje caribeño vibra con humedad, densidad y sombras cambiantes. Aprendió a mirar despacio.
Esa paciencia es lo que define su hiperrealismo.
En las pinturas de Ernesto, nada se percibe como apresurado. El tronco de un árbol no es solo corteza, sino una textura en capas. El agua no solo refleja la luz, sino que la absorbe. Sus paisajes parecen habitados, casi como si se les insuflara aire. No son dramáticos en el sentido cinematográfico. Son silenciosos e inmersivos, esa clase de silencio que te hace consciente de tu propio cuerpo ante la obra.
Lo que distingue su enfoque es que aplica una técnica a menudo asociada con temas urbanos a la naturaleza caribeña. El hiperrealismo, en sus manos, se convierte en una herramienta de preservación. Las cuevas, la densa vegetación, el frágil juego de luz y piedra se plasman con tal precisión que parecen de archivo, como si estuviera salvaguardando espacios que podrían desaparecer fácilmente.
Hay reverencia en esa elección.
En lugar de presentar el Caribe como un espectáculo o una postal, Ernesto lo pinta como un santuario. Su obra invita al espectador a detenerse, a observar cómo la luz se acumula en la roca, cómo el verde contiene más de un matiz, cómo el silencio puede ser visible.
No se trata simplemente de maestría técnica. Es devoción traducida en pintura.















