
Las siluetas radiantes de Kamlah Kew
Algunas obras de arte poseen una energía sutil antes de que las comprendamos por completo. Las recientes piezas de la artista de Antigua y Barbuda, Kamlah Kew, pertenecen a este ámbito, donde figuras casi silueteadas parecen tenues pero irradian una fuerza interior.
Las figuras se mueven entre la sombra y una suave claridad. Desde el interior de estas formas oscuras, emerge una luz que parece heredada, sugiriendo ancestros y el brillo transmitido de generación en generación. Este equilibrio entre ocultamiento y revelación da forma al lenguaje visual de Kew.
El color desempeña un papel fundamental. En la obra de Kew, se comporta como energía, expandiéndose y curvándose como si tuviera vida propia. Se mueve alrededor y a través de las figuras, otorgando a cada pieza una presencia vívida. El contraste entre la sombra profunda y el pigmento luminoso crea una sensación de serena intensidad.
Cada obra se siente como un ritual de transformación. Las figuras parecen guiadas por un linaje que las protege y las sostiene. La identidad se arraiga en la experiencia caribeña, pero a la vez se eleva hacia algo casi celestial.
Este sentimiento de historia heredada y protección ancestral se hace especialmente patente en la obra de Kew, «Mokojumbie» , creada con acrílico sobre lienzo entelado. Reflexionando sobre la inspiración que la motivó, el artista evoca momentos de su infancia observando a los Moko Jumbies en el carnaval, imponentes sobre la multitud, bailando sobre zancos con trajes vibrantes y, a veces, máscaras temibles. Su altura y sus movimientos poseían una magia singular, a la vez lúdica e imponente.

Kew explica que los Moko Jumbies existen en la confluencia de las tradiciones africanas y caribeñas. «Moko» se refiere a un dios o espíritu ancestral de África Occidental que velaba por su pueblo, caminando sobre altos zancos para protegerlo del peligro, mientras que «Jumbie» es un término caribeño para fantasma o espíritu. La figura se convierte en un guardián que viajó a través de los océanos, transmitido en la memoria y adaptado a través del tiempo. Como señala el artista, es hermoso cómo las historias viajaron con la gente y evolucionaron hasta convertirse en símbolos que continúan velando por las comunidades caribeñas en la actualidad.
Mediante esta fusión de sombras, luz y memoria cultural, Kamlah Kew crea un mundo que se siente a la vez arraigado y expansivo. Su arte sugiere que, si bien la sombra nos da forma, la luz interior heredada define cómo nos perciben los demás.
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